A few years ago, I spent an unforgettable season living in the Ibera swamp region in northeast of Argentina, where I had my own ecotourism and safari business. Ibera is a virgin land where the mix of jungles, ponds and swamps make it a unique environment for huge biodiversity.  During my free time, I used to explore the wild lands looking for wildlife, which is my favourite photographic model: swamps deers, capybaras, caymans, maned wolves, howler monkeys and countless of bird species. All of them were portraits for my camera. All, except one, the great yellow anaconda, the queen of the reptiles.

One morning a local friend arrived at my house. He asked me, if I was interested in seeing the anacondas. According to him, in his father’s farm there were swamps where it was common to see anacondas. I didn’t believe anything of what he was telling me, but I did not lose anything by going to this place so as to confirm the information. I got into my Land Rover and we left for the farm.

There was a big and shallow swamp completely covered with aquatic vegetation.  I could see some small islands where the palms trees were growing in the dry land.

I take off my boots, roll up my pants up to my knees and we entered in the warm water, looking for some anaconda. A few minutes later we found one baby a little less than 1 meter long. I grabbed it from behind the head, but it was too small for a good picture. I quickly released it and returned it to the water and continued my search, walking barefoot in that dark and muddy water.

Twenty minutes later, between my legs suddenly appeared the big and dark back of one big snake. It tried to escape by slinking in the mud. Without wasting any time, I took it from the tail and pulled it out of the mud. It reacted with anger and tried to bite me but I was able to hold her behind the head to avoid getting bitten. It curled its strong body around my legs. I dragged her to the coast where I had my camera waiting. I was able to take some nice pictures but the snake was still irritated. After a few shots I took it back to the water where it disappeared in seconds within the mud.

Special Thanks - Alisa El Lakkis (Text Correction)

 

 

Hace años atrás, pase una inolvidable época viviendo en la región del Ibera, en el noreste de Argentina, atendiendo un emprendimiento propio de ecoturismo y safaris fotográficos. El Ibera es una zona donde selvas, lagunas y pantanos se entremezclan formando un ambiente único de gran biodiversidad.

Durante mi tiempo libre, solía recorrer la zona con mi cámara fotográfica buscando retratar la abundante fauna silvestre de la región.  Ciervos de los pantanos, capibaras, monos aulladores, caimanes, lobos de crin, todos quedaron  atrapados dentro del sensor de mi cámara. Sin embargo había una especie que se me venía negando, la gran anaconda amarilla, la reina de las serpientes del Ibera.

Un amigo y vecino que vivía allí, llego una mañana a mi casa y me pregunto si estaba interesado en fotografiar las anacondas. Según sus palabras, en el campo de su familia, existía un bañado donde eran fáciles de encontrar. Por supuesto no la creí una palabra, meses viviendo en la región y jamás me había cruzado con una de esas serpientes gigantes, sin embargo no perdía mas que unos pocos litros de gasoil, yendo hasta allí para echar una mirada. Nos trepamos a mi Land Rover y partimos.

Era un pantano extenso y de poca profundidad, cubierto de plantas flotantes y salpicado, de tanto en tanto, por isletas cubiertas de palmeras. Nos sacamos las botas, nos arremangamos los pantalones hasta la rodilla y nos metimos dentro del pantano esperando dar con la anaconda.

Ni buscamos por mas de 15 minutos, de pronto, entre mis piernas apareció el lomo de una anaconda que intentaba escabullirse en el barro. Sin perder tiempo la tome por la mitad del cuerpo y la jale hacia afuera, esperando encontrar al cabeza, la cual no tardo en emerger furiosa de entre el lodazal en un intento por defenderse. No me costó mucho sujetarla por la nuca y mientras su cuerpo se enroscaba alrededor de mi pierna, logre salir del pantano trabajosamente llevando la serpiente conmigo. Allí lejos del agua tenía mi equipo fotográfico listo para una sesión de fotos. Logre bonitas imágenes pero la serpiente se encontraba muy irritada. Después de hacer algunos disparos decidí devolverla al pantano, donde desapareció en un suspiro bajo el manto de plantas flotantes.