It was a cold October morning in Banff National Park and still dark when I left my warm room to take some pictures of the bugling elk.  Fall is a magical season in the Canadian Rockies, where mountain peaks are snow-capped, the forest changes its summer greens to yellow and gold and the peaceful morning is broken only by the screams of rutting bull elk and the clash of their antlers during their fierce fighting for the right to mate.

I decided to follow a narrow trail in the woods, looking for an elk herd to photograph.  The sun was still down, but I had enough light to walk comfortably without tripping on anything.  The trail I chose was one of the trails around the Banff Golf Course.  A place where, during the rut season, you frequently see elk.

The trail took me directly to an empty golf course and on my way I saw an open meadow that I decided to cross.  As I crossed the open space, it felt like someone or something was watching me.  I looked to my left and roughly 25 yards away, I saw it.  A huge black bear, enjoying it tender grass breakfast, interrupted by my presence.  My first reaction was to remember everything I had read in countless books about bear encounters.  Fortunately, it was Black Bear and not a Grizzly, his bigger and more belligerent relative.  Knowing that to run was a last resort when one encounters a bear, I must admit, once you find yourself in front of one the temptation to run becomes almost irresistible.  I felt a little bit safer when I remembered the can of bear spray hanging from my belt.

The light was poor but was worth it to try to take some shots.  I quickly set up my camera to take some pictures in high ISO as well as a few seconds of video.  Once I was done, I turned off my camera and backed slowly away.  Fortunately, the bear had the same thought; and it too turned and rambled into the forest where it disappeared in seconds.

Special Thanks (Text Correction) - Alisa El Lakkis - Jodie Rusell - Joe Morris

 

 

Era una mañana fresca de octubre en el Parque Nacional Banff, en Canadá. Todavía estaba oscuro cuando partí hacia el bosque con la intención de fotografiar a los ciervos wapiti en brama. El otoño es una época mágica en las Montañas Rocallosas, los picos comienzan a cubrirse de nieve, los bosques se visten de un dorado manto otoñal y el bosque se inunda con los bramidos de los machos wapiti y el sonido del entrechocar de sus astas en feroces combates entre la neblina matinal

Me adentre por uno de los cuantos senderos que atraviesan bosques y claros buscando alguna manada que se preste a la fotografía. Si bien el sol no había salido aun, ya había una claridad suficiente para caminar con tranquilidad y evitar tropiezos. Esa mañana había elegido los bosques que rodean los campos de golf del pueblo de Banff. Una zona donde los wapitis suelen congregarse en gran numero durante la época de celo.

El sendero me llevo directo al campo de golf y me dispuse a atravesarlo para continuar mi camino hacia el claro que se abría frente a el, pero ni bien me encontré pisando el suave y cuidado césped del “green” me di cuenta que alguien me observaba y no precisamente se trataba de un golfista. A mi izquierda y a unos 25 metros un enorme oso negro había detenido su desayuno a base de tiernos brotes de hierba, interrumpido por mi presencia.

Mi primera reacción fue repasar mentalmente todas las cosas que había leído acerca de cómo reaccionar en caso de un encuentro con un oso. Sabia que lo ultimo que había que hacer era correr.  Palpe mi cinturón y esa acción me dio cierta tranquilidad al saber que traía conmigo el spray para repeler ataques de oso. La luz era mala para fotografía, pero valía la pena intentarlo. Configure la  máxima sensibilidad e hice unos pocos disparos y unos segundos de video. Luego baje la cámara y retrocedí lentamente. El oso, afortunadamente, reaccionó de la misma manera, dando media vuelta e internándose en el bosque donde desapareció en un instante.